Despues de muchos años haciendo deporte, y ahora que además somos padres, he llegado a una conclusión bastante sencilla: Para disfrutar más del deporte no siempre hace falta llevar más cosas.
Muchas veces ocurre justo lo contrario. Cuanto más tiempo pasas corriendo por montaña o encima de una bicicleta, más aprendes a distinguir entre lo que realmente necesitas y lo que simplemente creías que necesitabas.
El trail, el gravel… suelen estar muy ligados al material. Mochilas específicas, componentes ligeros, ropa técnica, accesorios para cada situación y todo tipo de gadgets pensados para hacer nuestra aventura un poco más cómoda.
Y no voy a negar que a mí también me gusta todo ese mundo.
El Becario
La experiencia también sirve para eliminar cosas.
Una de las cosas buenas de llevar muchos kilómetros en las piernas es que terminas sabiendo qué utilizas realmente y qué acaba pasando todo el entrenamiento o la carrera dentro de una bolsa, una mochila o un bolsillo.
Con los años he ido eliminando diferentes elementos. Algunos pertenecen directamente al mundo del trail o del gravel, pero otros tienen más que ver con hábitos adquiridos o con esa sensación de que siempre necesitamos tener la última solución disponible.
Al final, mi filosofía se ha ido simplificando bastante: cada cosa que llevo tiene que justificar el espacio y el peso que ocupa.
Una bicicleta para todo
Durante un tiempo llegué a tener hasta seis bicicletas en casa.
Sí, seis.
Y llega un momento en el que te das cuenta de que no puedes mantenerlas todas como se merecen, ni mucho menos utilizarlas todas. Al final siempre terminas utilizando unas más que otras, así que tuve que cortar por lo sano y quedarme con una bicicleta que pudiera hacer prácticamente de todo.

En mi caso fue la gravel.
No porque sea la mejor bicicleta para cada disciplina, sino precisamente porque es suficientemente buena para muchas de ellas. Y esa polivalencia, con el tiempo, me ha resultado mucho más útil que tener una bicicleta específica para cada situación.
Menos equipaje, más libertad
Otro de los cambios importantes ha sido prescindir de la mochila cuando entreno.
Para correr suelo utilizar un Soft Flask en la mano cuando lo necesito y, en la bicicleta, los bidones cumplen perfectamente su función.
Llevar una mochila puede parecer lo más práctico, especialmente cuando necesitamos transportar agua o algunas cosas pequeñas, pero después de varias horas corriendo el peso acaba notándose.
Y aquí la solución es bastante sencilla: si quieres llevar menos peso, empieza por llevar menos cosas
No siempre necesitamos una mochila, una bolsa para cada cosa o un accesorio específico para solucionar cada pequeño inconveniente.
A veces simplemente tenemos que preguntarnos si ese problema existe realmente.
Creo que con los años también he aprendido eso: en lugar de buscar constantemente accesorios para mejorar nuestra configuración, quizá deberíamos empezar por simplificarla.
La tentación de comprar siempre algo más
El material de trail o gravel puede convertirse fácilmente en una afición dentro de la propia afición.
Siempre aparece una bolsa más ligera, un componente nuevo, una prenda más minimalista o un accesorio que promete hacer nuestra bicicleta un poco mejor.
¿Que problema concreto me va a solucionar?
Y reconozco que es fácil caer.
El problema llega cuando comprar equipamiento empieza a sustituir a utilizarlo.
Ahora, antes de comprar algo, intento hacerme una pregunta muy sencilla:
Si no encuentro una respuesta clara, probablemente no lo necesito.
También he aprendido que esperar ayuda mucho. Hay cosas que cuando las descubres parecen imprescindibles y, unas semanas después, te das cuenta de que has podido seguir entrenando perfectamente sin ellas.
La experiencia también cambia nuestras prioridades.
Por ejemplo, durante años me parecía impensable utilizar bastones en una carrera de trail. Ahora, dependiendo del desnivel y del tipo de recorrido, me parecen una herramienta prácticamente imprescindible.
No se trata de llevar menos por llevar menos. Se trata de llevar aquello que realmente aporta.
También se puede entrenar sin auriculares
Durante años, la música y los podcasts pueden convertirse en compañeros habituales de entrenamiento, veo a mucha gente con auriculares, pero sinceramente yo disfruto más saliendo sin auriculares, prefiero escuchar lo que ocurre alrededor.
El sonido de las zapatillas sobre el barro, los pájaros, el viento, la bicicleta rodando sobre el gravel o simplemente el silencio.
Todo eso también forma parte del entrenamiento.
Menos redes, más experiencia
Algo parecido me ha ocurrido con las redes sociales.
Vivimos rodeados de contenido. Reels, stories, TikToks, podcasts, música… Parece que tenemos que llenar cada minuto con algo.
Y quizá, de vez en cuando, no hacerlo sea precisamente lo que necesitamos.
Durante años compartía prácticamente todas mis aventuras. Cada salida tenía su foto, su publicación o su historia.
Hasta que llegó un momento en el que empecé a preguntarme para qué lo hacía y, sobre todo, para quién.
Quizá me estoy haciendo mayor, no lo sé, pero cada vez me sale menos eso de publicar constantemente.
A veces veo un paisaje increíble, estoy disfrutando de una salida o simplemente estoy pasando un buen rato y no siento la necesidad de enseñárselo a nadie.
Y eso también me parece una forma de disfrutar más.
No todo tiene que convertirse en contenido, y hay experiencias que no necesitan una foto, una publicación o un vídeo para tener valor, a veces la propia experiencia es suficiente.
No siempre hace falta irse lejos para entrenar
Esto es algo que he aprendido especialmente desde que soy padre.
Ahora el tiempo vale muchísimo más.
Los horarios son los que son y, cuando tienes poco tiempo para entrenar, perder una hora en desplazamientos para empezar una ruta deja de tener tanto sentido.
Durante mucho tiempo me parecía poco atractivo entrenar cerca de casa. Todo es bastante llano, no hay grandes desniveles y tenía la sensación de que para hacer trail o bici había que coger el coche y desplazarse.
Ahora pienso de otra manera.
He llegado a diseñar varias rutas de pocos kilómetros, saliendo directamente desde casa y aprovechando cada rincón para conseguir desnivel.
No necesito recorrer 50 kilómetros para sentir que he tenido una buena salida.
El trail, el gravel… suelen venderse como una forma de descubrir lugares remotos, y es cierto que esa parte resulta muy atractiva.
Pero no todas las salidas tienen que convertirse en una expedición, una ruta al lado de casa, incluso de noche o de madrugada, puede ser suficiente que además tiene otra ventaja: repetir caminos hace que empieces a descubrir detalles que la primera vez pasaron completamente desapercibidos.
El equipamiento perfecto no es el objetivo
Creo que otra de las cosas que he aprendido es que la búsqueda constante de la configuración perfecta puede convertirse en una distracción.
Podemos pasar horas pensando en qué mochila llevar, qué ruedas montar, qué componente cambiar o qué accesorio comprar.
Pero una bicicleta perfectamente configurada o una mochila de trail llena de gadgets no garantiza que vayamos a disfrutar más.
Al final, una buena salida sigue dependiendo mucho más de las ganas de salir que de tener el último producto de moda.
Sin grandes gadgets, sin una configuración especialmente sofisticada y sin tener siempre el material más nuevo, la fórmula sigue funcionando.
Volver a lo esencial
La principal enseñanza de todo esto no es hacer una lista de productos que deberíamos comprar, más bien todo lo contrario.
Con el tiempo, entrenar también puede convertirse en un ejercicio de eliminación.
Menos equipaje.
Menos preocupaciones.
Menos compras impulsivas.
Menos necesidad de que todo sea perfecto.
Porque quizá una de las mejores formas de mejorar nuestra próxima aventura sea simplemente salir con lo que ya tenemos.
Al final, un buen entrenamiento, una buena salida, no empieza cuando tenemos el equipo perfecto, empieza cuando cogemos las zapatillas, o preparamos la bicicleta, cerramos la puerta de casa y empezamos a sumar kilómetros.
Y para eso, probablemente necesitemos mucho menos de lo que pensamos, aunque, si es en buena compañía, mucho mejor.